Hoy, domingo antes de un feriado, me di cuenta de algo.
No porque estuviera esperando el descanso. Hace años sí lo hacía. Contaba los días para los feriados.
Tenía un trabajo y sueldo estable. También tenía estrés estable, una depresión estable y problemas digestivos bastante estables. Un feriado era un pequeño respiro. Una pausa para escapar.
Lo extraño es que no entendía por qué me sentía así.
Estaba ejerciendo la profesión que había estudiado y que, en teoría, siempre había querido. Sí, el clima laboral era tóxico, pero pensaba, bueno... "En todos lados se cuecen habas".
Entonces pensé que el problema era otro.
Quizás me faltaba motivación.
Leí libros. Escuché podcasts. Tomé vacaciones. Medité. Hice ejercicio. Busqué la fórmula para volver a tener Motivación, ganas de ir a trabajar cada lunes.
Nada funcionó.
Porque estaba intentando salvar algo que ya había terminado. Y pensé "no necesito motivarme para existir en un sitio que no quiero existir, necesito estrategia para salir de aquí"
Y fue entonces cuando hice algo que, para muchos, no tenía ningún sentido.
Antes de renunciar, saqué un crédito hipotecario de una casa estratégicamente ubicada.
La lógica dice que cuando tienes una hipoteca te aferras con uñas y dientes todavía más al sueldo.
Yo hice exactamente lo contrario.
Compré una casa que, con el tiempo, me daría ingresos. Esa hipoteca no me amarró a mi trabajo. Me dio una puerta de salida.
Fue la punta del iceberg de una estrategia mucho más grande.
Y eso claramente me enseñó que no necesitaba seguir tragando motivación, necesitaba pensar más estratégicamente.
Empecé a preguntarme y ejecutar planes para que las decisiones que podía tomar le dieran opciones a mi yo del futuro.
Y esa, para mí, ha sido la diferencia entre vivir motivado (por fuerza) y vivir estratégicamente.
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